GILDA LOUSEK 1937 – 1998

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Actriz de cine, teatro y televisión,  que alcanzó gran popularidad. Dice alguna crónica: “Rubia, de bellos ojos claros y una sugestiva belleza acentuada por sus rasgos nórdicos”. Esto de “los rasgos nórdicos” amerita una reflexión crítica. La belleza de Gilda era rotundamente polaca: y si bien nadie va a negar de la ubicación geográfica de Polonia, convengamos que por “nórdicas” se entiende a las suecas o las noruegas, y Gilda –que era tan o más bella que la Ullmann, la Andersson, o la Thulin–  llevaba el Vístula en la frente.

Gilda Lousek estaba llamada por la grandeza. Tuvo que sortear el riguroso reglamento del Conservatorio de Arte Escénico –dirigido por entonces por el eminente maestro Don Antonio Cunill Cabanillas– para poder actuar, profesionalmente, por primera vez en cine. Esto sucedió en las postrimerías de 1955.  Después, en 1958, intervino en “Los tallos amargos” de Fernando Ayala”, y “Hay que bañar al nene” de Edgardo Togni.

La película “Una cita con la vida”, dirigida por Hugo del Carril, cambió su vida. No sólo porque, a partir de haber ganado un concurso, obtuvo en esta cinta su primer protagónico; sino que–además– vivió una importante relación sentimental con este personaje imprescindible de la historia de la cultura popular que fue Don Hugo del Carril. Y, con su personaje, al actuar junto a Enzo Viena conformó una de las parejas de ficción más exitosas y populares de esa época, que continuó en la pantalla grande (“He nacido en Buenos Aires”, “Vivir es formidable”), en el teatro (“De noche todo”) y, más tarde, en televisión.

Enzo Viena, muchos años más tarde, contaba en rueda de amigos que el padre de Gilda se la recomendaba. El tano Viena sentía un verdadero amor fraternal por la polaquita y un respeto reverencial por el viejo polaco; pero –para alguna porción del el gran público, si es que “gran”  se lo puede nombrar– el Tano era “el macho de la rubia adolescente”.

Viena contaba que había sido tentado con todo tipo de obsequios, que incluían: dinero en efectivo, objetos de oro, relojes de marca, y hasta sustancias “non sanctas” colocadas subrepticiamente en sus bolsillos; ora para homenajear su bravura por –supuestamente–  gozar de las mieles de semejante belleza; ora para comprarle los favores  de la polaquita.

Él, que sabía de los amores de Gilda por el maestro, y también que debía respeto al viejo polaco, se portó como corresponde a un varón de pies a cabeza. O sea: le hizo gamba a la rubia cuando había que hacerlo, y le dio un soplamocos a más de un gil, también cuando correspondía.

Alguien la bautizó, no sin cierta vecindad con algún tipo de verosimilitud, "el ángel rubio del cine argentino", por entonces actuó en películas dirigidas por los más prestigiosos  directores de la época: René Mugica, “La murga” (1963); Rodolfo Kuhn, “Los inconstantes” (1963); Rubén W. Cavallotti, “Mujeres perdidas” (1964); Leo Fleider, “Vivir es formidable”; Román Viñoly Barreto, “Orden de matar”(1965), Fernando Ayala, “Hotel alojamiento” (1966); Julio Saraceni, “El glotón” (1967) e incluso fue a Italia a filmar junto a Duilio Marzio, “Rivincita di Ivanhoe” o “La espada de Ivanhoe” (1965) dirigida por Tanio Boccia.

Durante el rodaje de “Los inconstantes” se vinculó sentimentalmente con el cantante Fernando de Soria, con quien se casó y más tarde se separó. Luego, formó pareja con el actor Ricardo Bauleo, con quien tuvo dos hijas, Astrid e Ingrid.

Mucho se ha hablado de su sensibilidad como actriz y se su don de gentes; es más, algún periodista dijo cierta vez: “Desde aquel rol protagónico, en donde fue elegida por concurso entre diez mil postulantes, la muchacha que conformaría el prototipo ideal de ingenua se ubicó en un primer plano en el mundo del espectáculo. Gilda Lousek fue figura por derecho propio.” Pero nos atrevemos a decir que, en el imaginario colectivo, la belleza de Gilda Lousek fue emblemática. Conformó una de esas imágenes capaces de convocar diferentes imaginaciones. Se decía que su belleza no se adecuaba al modelo “sexy” de la época.

Quizá  esto último sea cierto; es posible que el “sex appeal” de Gilda desafíe al tiempo. Es posible que algo así también suceda con algo tan abstracto, sublime y subjetivo como lo es: “la belleza”.  Pero no hay duda acerca de que la belleza de Gilda conmovió a más de uno, y de una.

 
FM.2010