TERESA BLASCO 1931 – 2006
La Página oficial del “Teatro Lola Membrives”, tal como conocemos hoy al que funciona donde se levantaba el “Teatro Cómico”, nos deja saber que: “En 1934 el Cómico dio el gran puntapié que lo convirtió en un emergente de la comedia musical. Allí debutó una de los más ingeniosos y originales elencos del género: la Compañía Argentina de Grandes Espectáculos Musicales Los Cuatro Diablos, dirigida por Rafael Palacios. Presentaron obras como ‘El callejón de la alegría’, ‘¡Papá, cómprame un príncipe!’ y ‘A Juan 1º de Ardula le han encajado la mula’. La compañía estaba integrada por Carmen Lamas, Ibis Blasco, Tita Merello, Severo Fernández, Héctor Quintanilla, Eloy Álvarez y Fina Suárez, entre otros.”
La “Ibis Blasco” que compartía el elenco con Tita Merello (entre otros) también registra su presencia en “El Tango en París”, musical estrenado en Buenos Aires en1945 que firmaban Ivo Pelay, como autor y director; y Francisco Canaro y Mariano Mores, como compositores. Ibis tenía una hermana, también actriz llamada María Luisa, quien se desempeñaba en la radio. María Luisa tuvo una hija que nació en Chile a quien llamó Teresa, quien –como su madre y su tía– eligió este mismo oficio.
Tenía veintidós años Teresa Blasco allá por 1953 cuando consiguió un pequeño papel en “La mejor del colegio” junto a Lolita Torres. El guión de esta película pertenecía a Abel Santa Cruz, con quien comenzó una relación sentimental. A partir de ese debut inscribió su nombre en dieciséis títulos más del cine nacional; pero su máximo esplendor se lo dio la televisión.
En 1959 comenzó a lucirse en “¡Qué Mundo de Juguete!” (también de Santa Cruz), junto a Beatriz Taibo; y en 1962 otro libro del autor significó su máximo nivel de popularidad, “Dr. Cándido Pérez, señoras”. Los protagonistas de esta serie eran Juan Carlos Thorry y Julia Sandoval, y su interpretación de Claudia, una mucama ingenua y un tanto tosca pero de gran sensibilidad, resultó el papel consagratorio para Teresa; aunque algunos críticos sostengan (y con sólidos argumentos) que ese personaje le produjo un encasillamiento que limitó sus grandes dotes interpretativas; y que –si bien la había ubicado en el punto máximo de aceptación– de ahí en más sólo cabía comenzar el descenso.
A propósito de su relación con Santa Cruz, Blasco alguna vez dijo: “Él fue un poco mi Pigmalión. Es uno de los seres humanos más buenos que he conocido. Lo quise mucho, pero jamás formamos una pareja en el sentido tradicional que se le da a esa palabra. Ni siquiera vivíamos juntos”.
La pareja continuó produciendo y, con dirección de una joven María Herminia Avellaneda, presentaron “Señoritas alumnas” programa en el que también participaban Selva Alemán, Marilina Ross, Evangelina Salazar, Virginia Lago y Catalina Speroni.
Ya separada de Santa Cruz, intentó un par de ciclos aprovechando la popularidad que le había otorgado su Claudia: "Paloma a domicilio" (María Elena Walsh), "Casos y cosas de casa" con Chico Novarro, “Cuatro mujeres para Adán” (Nené Cascallar) con Norma Aleandro, Iris Láinez y Erika Wallner. En 1970, por canal 7, Juan Carlos Gené escribe especialmente para ella el ciclo "Mujer" que la tiene como exclusiva protagonista. Entre 1973 y 1976, también por el 7, encabezó "El teatro popular de Teresa Blasco". Dentro de sus últimos trabajos, tuvo apariciones en "Las 24 horas" y "Todos los días la misma historia".
Mientras protagonizaba "Teatro popular" por canal 7, comenzó a mostrar síntomas de desequilibrio emocional, se suscitaron algunos problemas con el elenco y el director de cámaras (Marcelo M. Domínguez). Durante uno de esos episodios Blasco sufrió un ataque de furia incontrolada, y amenazó con desnudarse en plena calle. Fue detenida y sometida a estudios psiquiátricos.
En 1976, sin trabajo, sola, comenzó a hundirse en la angustia. A principio de los ochenta, tras haber estado varias veces internada por profundas crisis depresivas, actuó en teatro en “Viva”, de Ricardo Halac y Juan Carlos Cernadas Lamadrid. Allí interpretaba a una mujer engañada y abandonada por el marido. “Díganle a todos que no estoy loca. Estoy viva y todavía puedo contarlo desde un escenario”, dijo. Por aquellos tiempos llegaron “Julián de madrugada” y la miniserie “El Exterminador”, pero aquella luminosidad de sus éxitos se iba volviendo amenazante penumbra.
En 1995, después de un intento de suicidio una orden judicial forzó su internación en el hospital neuro–psiquiátrico Braulio Moyano. En 2006, cuando falleció tras duros padecimientos, alguien tituló: “Murió Teresa Blasco, la loca linda”. No vale la pena, a esta altura, debatir sobre la oportunidad de ese texto. Lo cierto es que Teresa, después de vivir las mieles del éxito, supo del sabor a hiel de la locura, y que sus restos pudieron descansar en paz después de haber pasado varios días en la morgue sin que nadie reclamara por ellos.
Sí, parafraseando a Kundera, podemos decir que enfrentar, sin coraza ni escudero, la impiadosa levedad del ser… puede ser insoportable.
F.M.2011
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